Por qué merece la pena un tratamiento facial
“Con mi crema ya me apaño.” Lo escuchamos casi cada semana, y tiene parte de razón: una buena rutina en casa es la base de todo. Pero hay cosas que una crema no puede hacer, y conviene saber cuáles son.
LO QUE UNA CREMA NO ALCANZA
Tu piel tiene una barrera diseñada para impedir que entre lo que no debe. Funciona muy bien, y también funciona contra la cosmética: la mayor parte de lo que te aplicas se queda en la superficie.
Un tratamiento en cabina cambia eso de tres formas:
- Extracción. Los puntos negros y las impurezas de dentro del poro no se disuelven con nada que te pongas en casa. Hay que sacarlos, y hay que saber hacerlo sin dejar marca.
- Penetración. La radiofrecuencia, la mesoterapia o los ácidos profesionales llevan los activos a capas donde una crema no llega.
- Diagnóstico. Alguien que mira tu piel de cerca ve cosas que tú no ves en el espejo, y te ahorra dinero en productos que no necesitas.
CADA CUÁNTO
La piel se renueva por completo cada cuatro o seis semanas, y ese es un buen ritmo de referencia para las pieles con tendencia a impurezas. Para una piel sin problemas concretos, cada dos o tres meses mantiene el trabajo hecho.
Más importante que la frecuencia es la continuidad. Una sesión suelta al año hace poco; seis bien repartidas cambian la piel.
QUÉ NOTA LA GENTE PRIMERO
Casi siempre lo mismo, y en este orden: la piel se ve más luminosa, el maquillaje asienta mejor y los productos de casa empiezan a funcionar. Lo de las arrugas viene después y necesita más sesiones.
Y LA PARTE QUE NADIE CUENTA
Hora y media tumbada sin móvil, sin nadie pidiéndote nada. Muchas clientas empiezan por la piel y siguen viniendo por eso.
¿Nunca te has hecho uno? Empieza por una limpieza y un diagnóstico. Escríbenos o mira nuestros tratamientos faciales.